Uno de los problemas más comunes es mezclar el dinero del negocio con los gastos personales. Esto genera confusión: nunca sabes cuánto realmente ganaste ni cuánto puedes reinvertir.
La solución es simple pero poderosa: abre una cuenta bancaria exclusiva para tu negocio. Deposita ahí todos los ingresos y paga desde ahí los gastos de tu emprendimiento. Así podrás hacer presupuestos, acceder a créditos, e incluso presentar tus impuestos de forma correcta.
Además, considera los beneficios del Régimen Simplificado de Confianza (RESICO) del SAT, pensado para emprendedores con ingresos menores a 3.5 millones al año, con una tasa de impuestos mucho más baja y trámites simplificados.
Consejo práctico: lleva un registro mensual con herramientas gratuitas como Google Sheets o apps como Konfío o Contalisto.


